Consejos para dormir bien

Hoy en día está de moda hablar de la alimentación, el ejercicio o el cuidado personal pero nos olvidamos de una de las piedras angulares de nuestra salud, ¡el sueño!

Dormir 8 horas es la cantidad óptima para mantener un ritmo de vida recomendable. Si eres de los que te levantas muchas veces por la noche o te cuesta coger el sueño, seguir ciertas rutinas y consejos le ayudaran a la hora de descansar.

El horario. Una de las claves es la rutina a la hora de irnos a dormir, podría incluir meditación, respiraciones profundas, utilizar aromaterapia. Ayuda seguir ciertos patrones antes de dormir: ponerse el pijama, lavarse los dientes y ajustar la alarma. La clave es encontrar algo que nos haga sentir relajado y establecer un horario fijo para acostarnos y levantarnos a la misma hora.

Deje de trabajar una hora antes como mínimo. El dormitorio no es una oficina. Si nos llevamos el trabajo a la cama, nuestra mente recibe información contradictoria. El uso de la televisión tampoco es aconsejable ya que estimula demasiado al cerebro, lo que impide que se duerma rápidamente.

Libres de ondas. El sonido, la luz y las radiaciones que emiten aparatos electrónicos, y sobretodo el móvil, son perjudiciales para nuestro descanso. Mejor, todo apagado. Los campos electromagnéticos pueden afectar el funcionamiento de la glándula pineal, así como la producción de melatonina y serotonina, lo que también podría tener otros efectos negativos.

Los libros. Una de las mejores rutinas es la lectura antes de dormir. Eso si, no lea nada estimulante, como una novela de suspenso o misterio, ya que generará el efecto contrario. Es muy útil llevar un diario y escribir sus pensamientos antes de dormirse.

Reduzca o evite el uso de medicamentos tanto como le sea posible. Muchos medicamentos, tanto prescritos como los que no necesitan de receta médica, podrían afectar el sueño de forma negativa. Es recomendable también no abusar del tabaco, la cafeína o el alcohol ya que evitan que entre en las etapas de sueño profundo.

La iluminación. Duerma en un lugar completamente oscuro o lo más oscuro posible. La oscuridad es imprescindible para fabricar melatonina, la hormona del sueño. Cierre la puerta de su habitación y deshágase de las luces nocturnas.

El ambiente. Busca la armonía. Compartir la habitación con alguien (o mascotas) puede afectar el sueño de manera significativa, en especial si la persona con la que comparte la habitación es inquieta o ronca. Nada de colores chillones en la habitación y evita tener la estancia recargada con objetos que acumulan polvo y generan un ambiente agobiante. Puede que sirva de ayuda el usar un antifaz a la hora de dormir y evitar el ruido. Son útiles los tapones de espuma para los oídos.

La temperatura. No debemos pasar frío ni calor. Cuando duerme, la temperatura interna del cuerpo se va a su nivel más bajo, por lo general cuatro horas después de quedarse dormido. Las comilonas y el alcohol elevan la temperatura corporal y nos despiertan. Dormir en una habitación fresca podría ayudar a dormir mejor, ya que imita la caída de temperatura normal del cuerpo.

La almohada. Para lograr un buen descanso es preciso que cabeza, cuello y columna vertebral estén alineadas. Ayuda a relajar la musculatura del cuello y la espalda. Hay que elegir el que más se ajuste a nuestra comodidad. Dale la vuelta a menudo: así evitarás que se deforme y airéala antes y después de dormir.

La cama. Probablemente la pieza más importante de tu vida y aquella que tiene la conexión más íntima con tu energía personal. Cuanto más grande, mejor. Las personas altas y que pesan más necesitan una cama más blanda. Las personas más delgadas, una más dura. Antes de comprar un colchón, en definitiva, conviene probarlo.